Te puedo llamar Jimmy?, me hace recordar a un singular personaje del último libro que leí, que por cierto me dio mucha pena. Creo que me parezco un poco a aquel hombre con las ganas cansadas, las acciones cotidianas y las esperanza perdidas. Sospecho que me identifico con él, su forma de escribir todo tan detallado me recuerda a mí, aún cuando solo lo hago para tener un registro.
"Hoy tuve mi último día de 'seminario'", algo parecido a lo que me pasa, tan aburrido como yo misma. Te lo cuento porque ya estoy a pocas semanas de decir adiós a mi vida universitaria y no quiero. Tengo miedo del fracaso a partir de esto: de no aprobar mi tesis, de no graduarme, del terremoto, del fin del mundo...en fin; tengo miedo y necesito que me des seguridad, aunque suene un poco infantil.
En serio me gustaría llamarte Jimmy, solo yo identificarte con ese nombre. Decirte "Jimmy, ¿vamos a caminar por la Av. Benavides de Miraflores?" y caminar conversando de música, de canciones horribles, de acordes y ritmos que no entiendo, de la importancia de conocer la actualidad peruana, de los conflictos sociales, etc. Sería divertido, pienso; ya que calculo que hallaríamos muchos temas en común y entre risas y carcajadas nos iríamos conociendo más. También podríamos hablar de fútbol, si sabes mucho puedo fingir que no se nada o casi nada para que me expliques todo; en cambio si no sabes nada, podré deleitarte con los pocos datos y cifras que puedo recordar, los equipos, los jugadores, la tabla y las próximas fechas. Sería divertido, pienso, porque hay cosas que me apasionan y puedo sentir la emoción aflorar por mi mirada, esos ojos de niña entusiasta que habla de sus pasiones más escondidas.
¿Pero si en cambio nos aburrimos? Vamos Jimmy, vamos caminando y a ver qué pasa. Sino, podríamos tomar el Metropolitano y viajar desde Matellini hasta Naranjal intentando recobrar el sueño perdido producto de la fatiga por el trabajo y estudio. Es reconfortante sentir cómo el bus te mece por las calles sin tráfico de otros vehículos, muy lento avanza largas distancias a pocas horas.
Jimmy, te llamaré Jimmy para invocarte cuando me sienta sola, cuando me de cuenta que ya mis días se han vuelto aburridos por todo. Mientras tanto, te extrañaré en mis horas ante la nada.
Gracias Jimmy, gracias por intentar hacerme sonreir a escondidas, por compartir un saludo entre una multitud, por recordarme aunque no hayamos conversado nunca, por mirarme con esos ojos y volver a hacerme creer que se pueden conseguir muchas cosas, pero que un fracaso no significa la derrota.
Te seguiré diciendo Jimmy, aunque no te guste, o tal vez sí pero no lo sabré. Te diré Jimmy porque así me gusta llamarte. Adiós Jimmy, me despido en esta carta mía que no leerás, no hasta cuando yo lo decida. Adiós Jimmy, nos vemos una próxima vez en un lugar italiano, cuando tú y yo crucemos miradas y brote una sonrisa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario