Aunque sea de mentira, pude saludarte, mostrarte casi todo mi aprecio que
cabía en dos oraciones. Eres el culpable, culpable de que sienta desde la
adolescencia ese sentimiento profundo, descontrolado y desentendido por el
deporte rey. El fútbol ha logrado que conozca alegrías sin comparación, que
sepa que todo es un juego y hay que divertirse en el campo, sonriendo.
No te sale una jugada, te pierdes un gol, caes en el pasto: ríes. Es que a
veces se parece a la vida misma, cuando hay de divertirse de las desafortunadas
ocasiones. Hay que sonreír frente a las dificultades, el juego sigue y hay que
lucharla.
He soñado tantas veces con entrevistarte que casi lo tengo preparado todo. Los nervios casi carcomieron mi entusiasmo, pero es normal, te admiro mucho desde mi adolescencia mientras fui descubriendo nuestros caminos casi iguales. Te quería decir todo, que nuestros cumpleaños presentan un día de diferencia, que tu mamá se llama Miguelina y mi papá Miguel, que yo también jugué fútbol en la tierra, que también solía tocar en un grupo de música, que quiero ser periodista deportiva por ese interés que sembraron tus jugadas y partidos; entre muchas otras cosas. Pero se me olvidó todo, aun en sueños.
Pero qué grande eras, que solo me sonreías y aceptaste tomarte una foto
conmigo e insististe en que esta sea buena, encuadrada por lo menos. Qué grande
tu entusiasmo y tus ganas de seguir jugando a la pelota, de llevarte a los
contrincantes, de mirar a un lado y tirar el balón al otro, de hacer goles
olímpicos, de anotar 54 tantos de tiro libre, esas enganchadas para despistar
al enemigo, me has enseñado tanto…pero sobre todo y lo más grande, dar siempre
gracias a Dios por los momentos, siempre.
No pude dejar de sonreír en el día. Aunque sea por algunos minutos (y en
sueños) pude verte al fin, y quizás
recordar a los jugadores que dejaste corriendo tras un balón inexistente porque
era de tu dominio. No me canso de ver todos los videos sobre tus más grandes
jugadas, tus entrevistas, leer e impresionarme de cómo dejaste a todo un
estadio ‘contrario’ ovacionándote por tu
grandeza. Siempre tendré en mi memoria la alegría que le ponías al fútbol y
humildad que desprendías. Nadie ha llevado el 10 como tú, Ronaldinho.
Seguiré ilusionada de entrevistarte de por vida, hasta que lo logre.


