sábado, 26 de noviembre de 2011

Y se cayó la flor

Y se cayó la flor. Pétalo por pétalo fue cayéndose el color rojo que pudo mantenerme con vida durante este tiempo. Hojas de color verde amarillento se resbalaron por los delgados tallos por su propio peso, ese que a veces es duro de comprender. Ese color vivo que parecía florecer y mantenerse así de por vida se decoloró, se convirtió en un blanco sin sentido, aguado, sin ánimos para continuar generando ilusiones.
 Ese brillo especial que despedía su textura terminó, se esfumó junto con mi ilusión. Se fue elevando como las ideas inalcanzables, con ese  vuelo alto que se aleja hasta convertirse en nada. 
Y las espinas, esas espinas impactantes se volvieron blandas y acariciaban mis manos suavemente sin generar sensación alguna.

Y el olor, ese olor atractivo se volvió más tranquilo, tierno pero sin ningún efecto.

 Se cayó la flor y no pude detenerla, se cayó sola, se cayó porque la vida tiene sus alegrías y tristezas, porque nada es perfecto y todo tiene un final imprevisto, un plot point, un desenlace sin flores ni matrimonios. Se cayó la flor con tu mirada que se desvanecía mientras iba derritiéndome, mientras iba comprendiendo la realidad. La verdad que es cierta desde que nace, con ilusiones y malentendidos. Se cayó la flor y yo solo pude verla sin poder hacer nada. Se cayó la flor y la recogiste para adornar tu cabello, suave y brillante como el sol de mediodía.       


No hay comentarios:

Publicar un comentario