sábado, 26 de noviembre de 2011

Y se cayó la flor

Y se cayó la flor. Pétalo por pétalo fue cayéndose el color rojo que pudo mantenerme con vida durante este tiempo. Hojas de color verde amarillento se resbalaron por los delgados tallos por su propio peso, ese que a veces es duro de comprender. Ese color vivo que parecía florecer y mantenerse así de por vida se decoloró, se convirtió en un blanco sin sentido, aguado, sin ánimos para continuar generando ilusiones.
 Ese brillo especial que despedía su textura terminó, se esfumó junto con mi ilusión. Se fue elevando como las ideas inalcanzables, con ese  vuelo alto que se aleja hasta convertirse en nada. 
Y las espinas, esas espinas impactantes se volvieron blandas y acariciaban mis manos suavemente sin generar sensación alguna.

Y el olor, ese olor atractivo se volvió más tranquilo, tierno pero sin ningún efecto.

 Se cayó la flor y no pude detenerla, se cayó sola, se cayó porque la vida tiene sus alegrías y tristezas, porque nada es perfecto y todo tiene un final imprevisto, un plot point, un desenlace sin flores ni matrimonios. Se cayó la flor con tu mirada que se desvanecía mientras iba derritiéndome, mientras iba comprendiendo la realidad. La verdad que es cierta desde que nace, con ilusiones y malentendidos. Se cayó la flor y yo solo pude verla sin poder hacer nada. Se cayó la flor y la recogiste para adornar tu cabello, suave y brillante como el sol de mediodía.       


sábado, 29 de octubre de 2011

Del naranja al negro

Zapatos, zapatillas, sandalias, botas, niños, perros;  pero no se cruzan por mis ojos ese par de pies que espero. ¿Llegarán como siempre caminando lento como si el tiempo le sobrara? Esas dos zapatillas que me tienen enfocada en un solo pensamiento. Como una mosca que zumba por mi cabeza todos los días, tan cerca que me aburre, tan lejos que lo extraño. Dos pares de zapatillas que son perennes todos los días, salvo los viernes, que se cambian para jugar otro papel. Un papel que es tan distinto, lleno de diálogos inventados por un loco, lleno de canciones con guitarra, con piano, con bailes descoordinados.

De pronto siento la señal, apago la música y se acercan sus ojos rasgados con un paraguas rojo en plena plaza donde lo espero. Es él de nuevo y ha llegado tarde. Una sonrisa tímida se dibuja en su tranquilo rostro  mientras voy olvidando lo que tenía pensado decir. Dos pasos, media mano, sonrisas. La calle, los aviones, los trenes, el estadio, la compu, las hojas, las letras, mi cuaderno, mis escritos. Todo se desvanece cuando abro los ojos. Sigo esperando que sea la hora, siempre tan puntual como yo, espero que  la manecilla llegue al 12 para se aproximen ese par de piernas que ya extraño.  Sin 24 horas, pero ya mi imaginación vuela.

 Y pasa un niño, y una familia con mascota. Y comienzo a caminar para no evidenciar mi espera. Y espero, analizo, aguardo, pienso, espero. Ya el ocaso se va y llega la noche, negra y fría como sus ojos. Y temo como siempre,  y corro, corro para que nadie me alcance, para que nadie me diga nada. Y sigo corriendo y corriendo, voy cada vez más rápido y más y más… Y me caigo. No lloro, me levanto y sigo caminado para llegar a salvo. Camino lento, con el viento suave que intenta desordenar mis cabellos, pero no lo logra. Con mi paso absurdo que intenta alegrarse. Sin pisar las líneas, sin alterar las luces. Sin alucinar un final exitoso: Hay cosas inevitables que no se logran, para todo lo demás, vale el esfuerzo. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

De la mano



Camino,  camino, camino, se pasó. No importa esperaré otro. Total, pasan cada cinco minutos,  Si camino más,  puedo encontrarlo más rápido. Subo, pienso.
 Estas allí de nuevo, ya me está cansando. Los fríos asientos me recuerdan que mis temas no son de tu interés, que tu sonrisa ya no es visible para mí. Me duermo. Ya no quieres que te vea entre la gente que está parada esperando que tus pies se muevan, que caminen. Las personas  se acercan y se termina el aire. Tú no me miras pero puedo sentirte. Estás cerca y te veo, sé que me has visto, pero no dices nada. No me importa. Tu crees que no te veo, pero te observo. Veo que me buscas, que disimuladamente escabulles tu mirada en  la ventana para verme en la calle. Sé que lo haces, y aunque tus libros y  mirada de perdido puedan disimularlo, te conozco, aunque no tenga motivo. Conozco tu mirada, sé cuando mientes. Sé cuando me dices que te quedaste dormido, pero la verdad es que ya no quieres verme, aunque me hayas preguntado en nuestro encuentro fugaz por qué ya no coincidimos. Te conozco, me extrañas, pero lo odias. Ya no quieres verme, ya no quieres que el aire me roce el rostro cuando estás cerca, ya no quieres que caminemos juntos por la calle aunque hablemos de oraciones incompletas. 
Las personas son cada vez menos. Una por una va desapareciendo dejando el pasillo vacío, dejándonos en evidencia. Ya no puedes esconderte. Ni yo tampoco, ya cruzamos miradas. Me viste, te vi. Te tuve que saludar.  Tú también. Ya no fuiste capaz de ocultarte. Tus manos nerviosas evidencian que quieres que me vaya. Está bien, me voy, no te espero.  Si quieres caminas más rápido y te vas casi corriendo. O si quieres te sigues escondiendo y te pierdes minutos después. Total, ya no nos encontramos todos los días, ya no tenemos una conversación obligada. Ya tu mirada se desvía cuando te hablo, ya no me prestas atención. Puedes irte, si quieres. Mientras tanto, deja de mirarme cuando no converso contigo, deja de fingir que hablas con alguien para desviar tu mirada hacia mí. Deja de perseguirme en pensamientos. Te puedes ir, pero también te puedes quedar y cogerme de la mano. Podemos caminar juntos por la vereda de todos los días, o por la alterna. Podemos  llegar y separarnos luego, pero hasta entonces, mi sueño se habrá cumplido.



miércoles, 20 de abril de 2011

Estupidez y media

No puedo evitar sentirme así: tan vacía, tan sola, tan distante. Es estúpido, pero no puedo. Igual lo espero aunque sé muy bien que no llegará. Sé que está muy lejos escribiendo algún verso para impregnarlo en algún formato actual. Pero igual lo espero. Lo busco y no está, no esta porque así es la vida, porque así es mi camino y ya estoy acostumbrada.
Aunque sea de lejos, si se cruza, exploto. Algo extraño pasa y mi cuerpo no deja de moverse. Mi sonrisa está perenne como el sol, tan brillante que confunde. Se confunde con la felicidad, con la eternidad. Pero es falsa mi sonrisa, se borra al poco tiempo. Pero que feliz soy mientras tanto! ¡Mentira! Todo es una vil mentira. Mis dientes relucen algo que nunca vivió, algo que nunca tocó, algo que no llegará.