domingo, 12 de mayo de 2013

Tantos minutos


Verte así tan indefenso, tan intranquilo, tan nervioso por mi presencia (quiero pensarlo) me hizo sentir especial. Si bien no fue la primera vez, nuestro contacto visual fue más intenso, más penetrante, fue distinto. Sentí que fue más cercano, como la primera vez, cuando inicié esta gran historia.

Estabas entre personas tan distintas como tú mismo, aunque guardando un sentimiento similar, como siempre tan intenso que me estremece el cuerpo. Tú allí, tan sonriente, tan fuerte, tan tú pero es que no te conozco. Incluso con contacto físico, tan cerca que me hacía temblar, estaba tiritando y no podía decir nada de lo que estuve practicando: temas interesantes, de coyuntura, de actualidad, de ti, de mí, de nuestros planes.

-No, no tengo planes para hoy, cancelaron mi ensayo
-Ensayo? De teatro o algo así?
-Jajaja nooo, yo toco en un grupo. ¿No sabías?
-No. ¿Y qué tocas? Es de música cristiana o algo así?
-Jaja noo, es música folklórica y…toco zampoña. 
-Ah! la zampoña suena bonito (sonriendo especialmente)
-Sí
-O sea, no tienes planes
-Eh..No
-¿Vamos al cine? Podemos ver algo, no sé. Iron Man3
-Jajajaja mmm, puede ser.

Puede ser...me moría por ir contigo, y caminar y rozar nuestras manos hasta entrelazarlas.

Hablabas con un acento divertido, pero lindo, como tus frases mal estructuradas y tus palabras arrastradas. Y me contaste, y me reía, y seguías hablando, con el tiempo como si nos sobrara...Me encanta cuando me dices cosas graciosas, aunque sé que no lo haces para divertirme. Fue muy dulce sentirte tan libre y sin miedos para expresarte ante mí con tus errores y aventuras, con tus risas y miedos.

Quería que me veas antes, con mi compañerito nuevo-antiguo riendo por doquier y que sientas algún tipo de celos o quizás nervios por mí. Quería que me encuentres con la mirada y decidas ir hasta donde yo estoy, pero preferiste mirarme intensamente para que notara la luz que proyectan tus ojos, tan grandes y dulces que parecen imnotizarme. Y tu voz llamándome como si fuera la última vez, tan fuerte que te escucho al otro lado del río, caudaloso y ruidoso como la calle. Así quiero escucharte, pero más cerca. Y tus manos tan directas a mi cuerpo, que se estremece cuando te siente cerca. 
Si esas manos no solo hubieran tocado mis hombros hubiera acariciado tu piel más cerca, como mi razonamiento y mi cordura, el amor y la esperanza, la soledad y mi existencia.