Zapatos, zapatillas, sandalias, botas, niños, perros; pero no se cruzan por mis ojos ese par de pies que espero. ¿Llegarán como siempre caminando lento como si el tiempo le sobrara? Esas dos zapatillas que me tienen enfocada en un solo pensamiento. Como una mosca que zumba por mi cabeza todos los días, tan cerca que me aburre, tan lejos que lo extraño. Dos pares de zapatillas que son perennes todos los días, salvo los viernes, que se cambian para jugar otro papel. Un papel que es tan distinto, lleno de diálogos inventados por un loco, lleno de canciones con guitarra, con piano, con bailes descoordinados.
De pronto siento la señal, apago la música y se acercan sus ojos rasgados con un paraguas rojo en plena plaza donde lo espero. Es él de nuevo y ha llegado tarde. Una sonrisa tímida se dibuja en su tranquilo rostro mientras voy olvidando lo que tenía pensado decir. Dos pasos, media mano, sonrisas. La calle, los aviones, los trenes, el estadio, la compu, las hojas, las letras, mi cuaderno, mis escritos. Todo se desvanece cuando abro los ojos. Sigo esperando que sea la hora, siempre tan puntual como yo, espero que la manecilla llegue al 12 para se aproximen ese par de piernas que ya extraño. Sin 24 horas, pero ya mi imaginación vuela.
Y pasa un niño, y una familia con mascota. Y comienzo a caminar para no evidenciar mi espera. Y espero, analizo, aguardo, pienso, espero. Ya el ocaso se va y llega la noche, negra y fría como sus ojos. Y temo como siempre, y corro, corro para que nadie me alcance, para que nadie me diga nada. Y sigo corriendo y corriendo, voy cada vez más rápido y más y más… Y me caigo. No lloro, me levanto y sigo caminado para llegar a salvo. Camino lento, con el viento suave que intenta desordenar mis cabellos, pero no lo logra. Con mi paso absurdo que intenta alegrarse. Sin pisar las líneas, sin alterar las luces. Sin alucinar un final exitoso: Hay cosas inevitables que no se logran, para todo lo demás, vale el esfuerzo.
Y pasa un niño, y una familia con mascota. Y comienzo a caminar para no evidenciar mi espera. Y espero, analizo, aguardo, pienso, espero. Ya el ocaso se va y llega la noche, negra y fría como sus ojos. Y temo como siempre, y corro, corro para que nadie me alcance, para que nadie me diga nada. Y sigo corriendo y corriendo, voy cada vez más rápido y más y más… Y me caigo. No lloro, me levanto y sigo caminado para llegar a salvo. Camino lento, con el viento suave que intenta desordenar mis cabellos, pero no lo logra. Con mi paso absurdo que intenta alegrarse. Sin pisar las líneas, sin alterar las luces. Sin alucinar un final exitoso: Hay cosas inevitables que no se logran, para todo lo demás, vale el esfuerzo.