sábado, 10 de septiembre de 2011

De la mano



Camino,  camino, camino, se pasó. No importa esperaré otro. Total, pasan cada cinco minutos,  Si camino más,  puedo encontrarlo más rápido. Subo, pienso.
 Estas allí de nuevo, ya me está cansando. Los fríos asientos me recuerdan que mis temas no son de tu interés, que tu sonrisa ya no es visible para mí. Me duermo. Ya no quieres que te vea entre la gente que está parada esperando que tus pies se muevan, que caminen. Las personas  se acercan y se termina el aire. Tú no me miras pero puedo sentirte. Estás cerca y te veo, sé que me has visto, pero no dices nada. No me importa. Tu crees que no te veo, pero te observo. Veo que me buscas, que disimuladamente escabulles tu mirada en  la ventana para verme en la calle. Sé que lo haces, y aunque tus libros y  mirada de perdido puedan disimularlo, te conozco, aunque no tenga motivo. Conozco tu mirada, sé cuando mientes. Sé cuando me dices que te quedaste dormido, pero la verdad es que ya no quieres verme, aunque me hayas preguntado en nuestro encuentro fugaz por qué ya no coincidimos. Te conozco, me extrañas, pero lo odias. Ya no quieres verme, ya no quieres que el aire me roce el rostro cuando estás cerca, ya no quieres que caminemos juntos por la calle aunque hablemos de oraciones incompletas. 
Las personas son cada vez menos. Una por una va desapareciendo dejando el pasillo vacío, dejándonos en evidencia. Ya no puedes esconderte. Ni yo tampoco, ya cruzamos miradas. Me viste, te vi. Te tuve que saludar.  Tú también. Ya no fuiste capaz de ocultarte. Tus manos nerviosas evidencian que quieres que me vaya. Está bien, me voy, no te espero.  Si quieres caminas más rápido y te vas casi corriendo. O si quieres te sigues escondiendo y te pierdes minutos después. Total, ya no nos encontramos todos los días, ya no tenemos una conversación obligada. Ya tu mirada se desvía cuando te hablo, ya no me prestas atención. Puedes irte, si quieres. Mientras tanto, deja de mirarme cuando no converso contigo, deja de fingir que hablas con alguien para desviar tu mirada hacia mí. Deja de perseguirme en pensamientos. Te puedes ir, pero también te puedes quedar y cogerme de la mano. Podemos caminar juntos por la vereda de todos los días, o por la alterna. Podemos  llegar y separarnos luego, pero hasta entonces, mi sueño se habrá cumplido.